Las mujeres existimos en los medios y en la práctica deportiva desde hace décadas. Nuestros nombres e historias han sido invisibilizadas. En el camino, mujeres han desistido por prohibiciones, juicios de valor por el uso del cuerpo, por estereotipos arraigados sobre el papel de las mujeres en la sociedad, por falta de oportunidades y por la brecha salarial entre géneros.
Los estereotipos nos segregan con una mirada androcéntrica en todos los ámbitos. Las mujeres que narran, conducen o reportean están sometidas a una doble verificación de conocimiento y capacidades. Las mujeres que encestan, marcan goles o golpean con la raqueta son medidas a partir del desempeño masculino. Prohibir, restringir e invisibilizar a las mujeres es violencia.

